Si este año has cosechado tomates que te han encantado con su sabor, color y rendimiento, ahora es el momento perfecto para pensar en la próxima temporada. Recolectar tus propias semillas no es complicado y, además, te garantizará conservar exactamente el tipo de tomate que mejor se adapta a ti.
Recolección de semillas: reglas básicas
Antes de empezar, es importante distinguir qué semillas de tomate recolectar:
Plántulas de variedades antiguas (autopolinizadoras, llamadas variedades verdaderas): garantizan que la nueva planta tenga las mismas características que la planta madre.
Híbridos (denominación F1): estos frutos no son adecuados, ya que la siguiente generación ya no corresponderá a la variedad original.
Cómo elegir las frutas adecuadas
Consigue semillas solo de los mejores tomates:
completamente maduros y dulces,
sin signos de enfermedades ni plagas,
de forma regular y color típico de la especie. Procedimiento paso a paso
Deja que el tomate madure
Guarda el tomate seleccionado de 1 a 2 días para que se ablande aún más y madure perfectamente.
Extracción de semillas
Corta el tomate y, con una cuchara, retira las semillas junto con la pulpa gelatinosa.
Fermentación
Vierte la mezcla en un frasco pequeño, añade un poco de agua y deja reposar de 2 a 3 días a temperatura ambiente.
Se formará una capa blanquecina en la superficie; este es un proceso natural que ayuda a eliminar los patógenos de las semillas.
Enjuagado
Una vez finalizada la fermentación, cuela las semillas con un colador fino y enjuágalas bien con agua corriente.
Secado
Extiéndelas sobre papel o cartón en una capa fina y sécalas en un lugar ventilado de 3 a 5 días. Es importante que no estén expuestas a la luz solar directa.
Almacenamiento
Guarde las semillas secas en bolsas o sobres de papel, siempre marcados con el nombre de la variedad y el año de recolección. Guárdelas en un lugar seco, fresco y oscuro.